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Página 1 de 2 Weekend de paseo y compras
Historia y vanguardia se dan la mano en el destino preferido de los españoles a la hora de viajar al exterior

Siempre he creído que la primera impresión que una ciudad nos causa al conocerla marcará luego nuestra relación con ella. La primera vez que viajé a Londres me fascinó la panorámica aérea sobrevolando el Támesis con la ciudad abajo como una bella maqueta en la que sobresalían el Tower Bridge, los rascacielos de la City, la gran noria o London Eye, el Parlamento y Hyde Park, mientras el avión se aproximaba al aeropuerto de Heathrow. Posteriormente la he visitado algunas veces más y se mantiene aún viva mi fascinación por ella. Cada nuevo viaje la descubro un poco más, lo suficiente para tener que volver.
Londres es una megápolis bimilenaria de casi ocho millones de habitantes que aúna tradición y modernidad, clasicismo y vanguardia, sobriedad y desenfado, riqueza y miseria. Un crisol de razas y lenguas que la convierten en una nueva Babilonia comparable a esa capital mundial que es New York. Londres posee un atractivo especial que la hace única: su formidable historia como capital del imperio británico ha salpicado la ciudad de monumentos, palacios, edificios estatales y civiles, iglesias, parques, teatros y avenidas que forman parte del Patrimonio de la Humanidad y, al mismo tiempo, sus calles reflejan la vitalidad de una sociedad rabiosamente moderna. Londres merece un fin de semana de nuestras vidas. Será inolvidable.
A pie y en metro
Para los locos por las compras, para los estudiosos del arte, la historia y los museos, para los amantes del callejeo, la aventura y la diversión, a todos ofrece la capital británica razones suficientes para disfrutar de unos días en ella. Eso sí, todos deben saber que Londres no es barata. El cambio de euros a libras no es muy ventajoso y el alojamiento, sobre todo, y la comida son caros. Su enorme extensión hacen aconsejable moverse por ella en metro o autobús, ya que los taxis también son prohibitivos para distancias largas. Inconvenientes éstos que resultarán compensados por todo lo que ofrece la ciudad. Caminar por la ciudad, con el plano siempre a mano, es la mejor forma de descubrirla y vivirla. Cuando las distancias se hacen kilométricas lo mejor es bajar las escaleras del Underground o Tube, o sea el metro, que aunque no está tan cuidado como el de Madrid dispone de una excelente red y es rápido. Por 5,60 libras puedes sacar la tarjeta Trevelcard para un día que te servirá para hacer todos los viajes que desees en metro, autobús y el tren DLR ( te lleva a algunos de los aeropuertos de la ciudad). Abarca las zonas 1 y 2 de la ciudad que es donde se encuentran la mayor parte de los lugares de interés. Si vas a estar varios días puedes adquirir la Oyster Card que es una tarjeta prepago que también te posibilita moverte por los diferentes medios de transporte públicos. Puedes adquirirlas en los puntos de información, en las estaciones de metro, etc.
Hyde Park y Oxford Street
En mi última visita me alojé en el Hotel Cumberland (ver hoteles), junto a Marbel Arch -monumento de mármol blanco de Carrara diseñado por John Nash en 1828 donde sólo los miembros de la Familia Real y las tropas tienen el privilegio de pasar por él- y el Speakers´ Corner de Hyde Park. Un lugar céntrico y estratégico para visitar la ciudad. En contra de la idea que uno tiene de la climatología de la ciudad, era un día de julio muy caluroso (30ª C) y aproveché para dar un paseo por Hyde Park, buscando la sombra de sus árboles y el refrescante agua de su gran lago, The Serpentine. Miles de personas habían tenido la misma idea y allí se congregaban tumbados en las típicas hamacas de madera bicolores tomando el sol. Contrastaba ver a familias hindúes enteras junto a la sombra de un árbol, jóvenes con el torso desnudo o en bikini buscando los rayos solares como girasoles y mujeres árabes con hiyab negros hasta las cejas, que aprovechaban la soledad de un rincón apartado para bajarse el velo y respirar un poco de aire.
Kensington Palace
Otras personas buscaban el refresco de uno de los muchos restaurantes del parque, paseaban en barco por el lago, se daban arrumacos sobre el césped o incluso se atrevían a hacer deporte. Aquello se asemejaba a un pequeño Edén dentro del caos circulatorio que se vivía a escasos metros en calles como Oxford Street, Bayswater Road o Park Lane. El paseo me llevó hasta Kensington Palace, un pequeño y delicioso palacio con bellos jardines que la Famila Real posee junto a Hyde Park. En este palacio nació la Reina Victoria y residió durante algunos años Lady Diana Spencer, Princesa de Gales.
Siglos atrás el pulmón verde que hoy es Hyde Park fue un coto de caza Real, así como lugar donde se celebraron carreras de caballos, ejecuciones e incluso duelos. Retomé mis pasos y cogí el metro en la estación de Queensway (en Bayswater Road) regresando por la línea central hasta Marbel Arch (apenas dos estaciones), allí donde comienza Oxford Street, la calle de las miles de tiendas y comercios. Un verdadero hormiguero humano a las horas comerciales cuando la gente no cesa de ir para allá y para acá, de entrar y salir de grandes almacenes como Selfrifges, John Lewis, Marks and Spencer, Debehamns... moda de hombre, caballero, niño, zapatos, perfumes, ropa interior, electrónica, souvenirs, puestos de fruta callejeros, vendedores ambulantes, restaurantes de comida rápida, cafeterías... un inmenso e interminable zoco en el que se vende todo lo que uno desee comprar y que merece la pena visitar en época de rebajas. Allí puedes perder la cartera (ojo con los amigos de lo ajeno) e incluso a la mujer en cualquier probador. Reencontrada la pareja sigo camino en dirección a Oxford Circus y callejeo por New Bond Street y Regent Street donde se concentran las marcas más exclusivas. Sólo los jeques árabes y los japoneses salen indemnes de estos comercios de los elegantes barrios de Mayfair y Marylebone. Afortunadamente pronto llega Picadilly Circus y el bohemio barrio del Soho.
Picadilly Circus suele ser el punto de encuentro de jóvenes que se arremolinan sentados bajo la estatua de Eros de Albert Gilber erigida en 1892, que se ha convertido en símbolo de la ciudad junto a los enormes anuncios de neón de la plaza. Una plaza donde convergen cuatro grandes calles: Regent St., Picadilly, Haymarket y Shaftesbury Avenue. Allí se encuentra el London Pavillion, antiguo music hall convertido hoy en lugar de compras y el Trocaderto Centre (centro comercial con imnumerables tiendas, restaurantes, salas de juegos y el mundialmente conocido Guinnes World of Rercords). Entro en el Soho, centro de ocio y diversión que aglutina teatros (Lyric Theatre, Apolo Theatre, Gielgud, Queen´s, Prince Edward, Palace, Criterion...), restaurantes, pubs, cafeterías y que cobra todo su esplendor con el atardecer y la noche. Dentro del Soho encontrarás también Chinatown con sus pequeñas tiendas, restaurantes asiáticos y multiculturalidad. Hacia el sur, en dirección al Támesis, la diversión se prolonga en el cercano West End.
Trafalgar Square

Tras refrescarnos en un pub con una pinta (medio litro) de cerveza caminamos hastaTrafalgar Square, otro lugar emblemático y de encuentro, que deberían sobrenombrar como la Pequeña España, por la cantidad de españoles que siempre hay en la citada plaza. Allí se halla la National Gallery (ver recuadro Museos) una de las pinacotecas más importantes del mundo, la iglesia de St. Martin in the Fields con su palco real junto al altar y la gran columna de 50 metros en honor del almirante Nelson, que celebra la victoria inglesa sobre la armada española y francesa en Trafalgar en 1805. Impresionante plaza por su amplitud que en ocasiones sirve de espacio para conciertos musicales, celebraciones, etc.
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